24 de junio de 2009

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Recordar

Es difícil recordar todo lo que he querido escribir y no he escrito en los últimos dos meses y medio, porque con toda la sobrecarga que tuve, se me termina complicando pensar en eventos específicos en lugar de la maraña de momentos.

Para colmos todo se complicó más cuando poco a poco mi computadora murió. Por ratos funcionaba, por ratos no. La última vez que encendió logré sacar casi toda la información necesaria. Ahora vivo desde un disco duro portátil y ella descansa en un closet.

Desde las experiencias más interesantes como mi viaje a México en épocas de pandemia y la organización de un festival de arte que resultó ser mucho más de lo esperado, hasta las aburridas riñas de clase, la exponencial pereza que le estoy teniendo a casi todo lo que hago y los exámenes más influyentes que he tenido que presentar hasta ahora; simplemente no puedo dejar que todo eso quede escondido en el fondo de mi cabeza.

En este rato ha pasado mucho que valía la pena contar y no conté. Decidí que lo voy a contar estos días, que me he quitado varios pesos de los hombros y que lo haré en tres partes.

Una, dedicada a recordar mi viaje.
Una, dedicada a recordar el Festival.
Una, dedicada a recordar mis últimos meses del cole, que se van.

Es hora de regresar.

9 de abril de 2009

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De sus propios labios

Puerta tras puerta, nos recibían caras marcadas por los años. Algunos totalmente lúcidos, otros con dificultad entendían por qué estábamos en sus casas. El domingo 5 de abril, algunos madrijim del Hanoar Hatzioní be Costa Rica junto con miembros del Comité Yad Vashem, nos dimos la tarea de entregar las invitaciones para el acto de Yom Hashoá (Día del Holocausto) a cada uno de los Sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial.

En cada casa nos esperaba una experiencia diferente, casi siempre empezando con un “¿hijo de quién?”. A veces nos recibían empleadas, a veces hijos, pero por razones obvias, lo más impresionante era cuando podíamos tener una conversación –sin importar lo corta que fuera- con alguno de los invitados de honor. Uno de ellos alardeaba por haber estado en el bris* de mi papá, para demostrar que era demasiado viejo para estar yendo a los actos. Una de las señoras comentó que mientras estuviera en condiciones para ir, seguiría yendo, dada su gran importancia. Otro me recordaba que era su deber, como uno de los fundadores del Comité en Costa Rica, seguir participando de la actividad anual, hizo un breve resumen de lo que fue para él la construcción del monumento que está en el Cementerio y me felicitó por el trabajo del comité actual.

Somos parte de una generación privilegiada, que ha podido escuchar los recuerdos directamente de los labios de los Sobrevivientes. Cada vez somos más los que queremos escuchar sus voces, pero cada vez son menos los que pueden contarnos sobre su vida en los campos, en los refugios y en los ghettos de Europa de mediados del siglo XX. Iniciamos esta labor con grandes expectativas, pero nunca imaginamos que compartir durante tan solo algunos segundos con los Sobrevivientes, fortalecería de tal forma el “nunca jamás” en cada uno de nosotros.

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*Bris: Brit milá, ceremonia ritual de circuncisión.

22 de marzo de 2009

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Pensando a futuro

Dentro de poco tiempo, me veré obligado a tomar una de las decisiones más complicadas e influyentes de toda mi vida. Es imposible contar cuánto tiempo he invertido en responder la pregunta "¿qué quiero estudiar?" ya que aunque siempre ha estado en el fondo de mi cabeza, últimamente la tengo mucho más presente que nunca. Algunos profesores me han dicho que debería ser abogado, ya que siempre le busco la quinta pata al gato para poder ganar cualquier argumento. Una de mis cuñadas insiste en que tengo que estudiar algo creativo, como ella, que estudió arquitectura. Pero no es una decisión tan sencilla, hay demasiados factores involucrados.

He llegado a una conclusión y aunque por un lado puedo dejar por fuera todo lo que no me gusta, lastimosamente al tomar esta decisión también hay que apartar materias que verdaderamente me encantan y quedarán solo como un pasatiempo: la música, el diseño gráfico, etc. Por esto, en cuestión de semanas, pasé de tener alrededor de diez posibles carreras, a tener tan solo tres, y todas de la misma área: Ingeniería.

Viene de familia. Con ambos padres y hermanos ingenieros -cada uno en su propia área- es muy sencillo decir que quiero ser uno también, pero esa no es la razón por la que voy a estudiar ingeniería. Siempre he tenido una gran atracción hacia la matemática, las ciencias básicas (menos biología, que no me divierte para nada) y a resolver problemas en general. La ingeniería simplemente es lo que tiene más sentido en este momento y lo que siempre he creído que tiene más sentido, aunque lo haya dudado en más de una ocasión.

Así las cosas, quiero estudiar ingeniería eléctrica, informática o mecánica. Hay decenas de variantes y enfoques dentro de cada una de esas, más los muchos híbridos como comunicación, robótica y demás. El problema está en encontrar una aplicación útil de esos conocimientos en nuestro país y elegir a partir de ese punto tan crítico. Al parecer, no hay mucho que hacer para un ingeniero eléctrico o mecánico en Costa Rica, sin importar la especialización, las opciones se reducen a Intel y otro par de compañías considerablemente más pequeñas. La informática por su naturaleza digital es otro cuento.

Eso me lleva al siguiente dilema, estudiar en Costa Rica o afuera, en cuyo caso necesitaría pegarme una beca para ir a las universidades que quiero.

Se va complicando la cosa… Queda mucho por pensar y por investigar….

Avy Faingezicht | 2008-2009

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